Mostrando entradas con la etiqueta ARTÍCULOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ARTÍCULOS. Mostrar todas las entradas

4.3.14

Pablo Milanés: el hijo predilecto del feeling.

Muchas gracias a León Magno Montiel por tan bella nota.

......

"No hay felicidad más grande, que la felicidad de cantar”
 Gabriel García Márquez (Aracataca, 1927).

Fotos:  Ismael Almeida  / Conciertos de Verano, Teatro Lázaro Peña, La Habana  http://www.milanespablo.com/

Su voz ha llenado los espacios de teatros monumentales, de modestas plazas de pueblo, de anfiteatros universitarios relevantes y de antiguos bares en pueblos marchitos. Muchos lo comenzamos a escuchar casi en la clandestinidad, en precarios cassettes que nos pasábamos de mano en mano con cierto temor, como si se tratara de un peligroso secreto subversivo. Escuchábamos al joven cantor con una tesitura de tenor ligero, un timbre de trovador, poseedor un vibrato que expresa gran emotividad, marcado con el nombre Pablo, que significa “el humilde”. Pablo Milanés nació el 24 de febrero del 1943 en Bayamo, ciudad que quemaran los nativos para no cederla a los españoles, ubicada en el oriente de la Antilla Mayor, en las cercanías de la Sierra Maestra, tierra de caudalosos ríos, la cuna del son.
Pablo fue el surrapo de cinco hijos, muy pequeño escuchaba a su padre cantar, haciendo la difícil segunda voz en las guajiras y sones tradicionales. Eso despertó la intuición musical del niño mulato. A los seis años llegó con su familia a la Habana y comenzó a estudiar en el conservatorio municipal con el sueño de ser pianista. Pero cuando cumplió los 11 años de edad, su madre le regaló la guitarra que marcó su destino, trazó su sendero de cantautor llamado a recorrer el mundo.


                                                Presentaciones de “Renacimiento” en Cuba 21-Dic-2013 /Fotos: milanespablo.com


En la Habana, una megalópolis de las artes, comenzó su densa formación intelectual, comenzaron las lecturas de poesía que influyeron en su talante de compositor: Ceśar Vallejo, Neruda, Nicolás Guillén, Martí y Mario Benedetti. En 1969 entra al Grupo de Experimentación Sonora ICAIC y conoce al maestro Leo Brower, compositor, guitarrista y director de orquesta nacido en La Habana en 1939, egresado con honores de The Juilliard School en Nueva York. Pablo estuvo bajo la tutela del maestro habanero durante cinco intensos años.

A finales de la década de los 60 nació un movimiento musical espontáneo, pujante, con una gran estrella artística, fue llamado La Nueva Trova Cubana. Pablo Milanés, sin proponérselo, lideró el movimiento junto a Silvio Rodríguez y Noel Nicola, que marcó a la juventud de cuatro décadas: desde el decenio 1970 hasta la actualidad. En 1965 Milanés ya había publicado su tema “A mis 22 años” donde muestra sus raíces del feeling cubano, que no es más, que el universo bolerístico cubano enriquecido con armonías del jazz. Ese tema fue considerado el pionero del nuevo movimiento neotrovero. Sus maestros del feeling, fueron los líderes de ese movimiento musical-estético nacido en las décadas 40 y 50: César Portillo de la Luz y José Antonio Méndez, compositores admirados y muchas veces interpretados por Milanés.

Los nuevos trovadores, traían el bagaje de la tradición amorosa cubana, con sus guajiras, los sones, danzones del maestro Barbarito Diez; esa valija de musicalidad la unieron a las nuevas estructuras armónicas. En una entrevista que brindó al historiador argentino Felipe Pigna en el 2011, Pablo admitió que de niño cantaba los sones de Sindo Garay en programas aficionados de la radio. Sindo fue un compositor oriental que lo marcó con su lírica:

“Ella es sensible, le brinda al hombre
virtudes todas y el corazón
pero si siente de la patria el grito,
todo lo deja, todo lo quema,
ese es su lema, su religión”.
(Garay, 1918)

En 1973 Pablo Milanés realizó un álbum que sería su catapulta en todo el continente, “Versos a José Martí” donde participaron músicos de la talla del pianista Emiliano Salvador, el bajista Eduardo Ramos y Frank Bejarano. La producción la hizo su admirada Haydée Santamaría, intelectual y heroína, fundadora de La Casa de las Américas. En su honor, colocó su nombre a una de sus hijas, Haydée Milanés Benet, quien es pianista y cantante de gran talento, de un dulce carisma, ya tiene cuatro álbumes publicados.

A mediados de la década del 70 comenzaron sus viajes a Europa y América del Sur. Pablo y Silvio se habían convertido en los gurúes de una religión musical, sin ayuda de casa editora alguna, sin maquinaria de promoción, sin pagar un centavo en payola o palangre: llegaron con su luz y esfuerzo a todas las naciones de América y Europa. Según testimonio de la novia del feeling, la cantora Omara Portuondo, ella tuvo el privilegio de presentarlos, Pablito y Silvio estrecharon sus manos en el lobby de una emisora que visitaban en La Habana, se sentaron con una guitarra y comenzaron a cantar por horas. Nacieron cientos de concierto juntos, duetos: Pablo hacía la segunda voz como la había aprendido de su padre en Bayamo. En septiembre de 1982, junto a mi esposa Marisela Árraga, tuve el honor de presenciar el concierto de Pablo y Silvio en el viejo aeropuerto de Grano de Oro, sede de la Facultad de Ciencias Experimentales de LUZ, fue un recital memorable al que asistieron miles de estudiantes universitarios. La amistad de los dos trovadores se vio fracturada luego de cuatro décadas de andanzas juntos, por diferencias de visión sobre la coyuntura política que vive Cuba: Silvio increpó a Pablo en el 2003 por negarse a firmar un documento que justificaba algunas críticas a artistas disidentes, le recriminó su pedimento público de cambios al gobierno de Raúl Castro. Pablo le respondió: “Las ideas se discuten y se combaten” y pidió a Silvio aupar los cambios necesarios en la isla. Ahora cuando a Pablo Milanés le preguntan por Silvio en alguna entrevista, pide “no tocar ese tema, cambiar la pregunta.” Sin embargo, Milanés dejó claro que él es hombre de la izquierda progresista latinoamericana, siempre apoyará a Cuba, su querida patria. De momento considera que su reencuentro con el cantor de San Antonio de los Baños: “no está planteado”.
En su son beat “Canto de la abuela” entre nostalgias, recuerda los cánticos y rezos de su abuela en los ocasos de Bayamo, allí proclama: “Y aunque sólo en el hombre crea, admito; que tu canto creció con mi estatura”. Él es un materialista histórico, agnóstico puro.
Uno de los momentos más difíciles en la vida de Milanés, lo vivió cuando fue diagnosticado de síndrome de Legg-Calvé-Perthes, afección que le dañó el fémur y parte de su cadera, causándole un gran dolor y problemas severos de motricidad. Debió someterse a varias cirugías para reemplazar los huesos por prótesis. Estuvo en silla de ruedas, terapias, hasta que comenzó a caminar con dificultad y finalmente superó su mal. En Maracaibo actuó en el Palacio de Eventos desde una silla de ruedas, con una voz impresionante, que él dice cuidar con métodos ancestrales. Esa noche conmovió al público, corrieron lágrimas, por momentos el auditorio se convirtió en una gran coral bajo su batuta.
En una ocasión, convaleciente en el Hospital CIMEQ de La Habana, recibió la visita del comandante Fidel Castro. Luego declaró que el líder le deseó pronta recuperación y le agradeció el haber llevado a un sitial tan alto la música de trova cubana. Según Pablo, fue la tercera ocasión en la que veía al viejo revolucionario, y aunque no presume ser su amigo, entiende su dimensión histórica.
En 1984 al cantante español Víctor Manuel, le produjo una obra colosal, álbum que reunió 20 grandes cantantes iberoamericanos, todos interpretando éxitos de Milanés. Entre otros Miguel Ríos, Chico Buarque, Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, María Belén. Participaron en el histórico proyecto que se grabó en varios países y rompió récord de ventas.
Dentro del universo sonoro que Pablito ha creado, hay astros con mucha luz, como la canción que le hizo a Yolanda Benet, su segunda esposa. Con ella se casó en 1968, es la madre de tres hembras, de los nueve hijos del travador bayamense. Lynn, Suylén y Haydée son sus hijas cantoras:

“Mi soledad se siente acompañada
por eso a veces sé que necesito tu mano
tu mano, eternamente tu mano”.

También a Yolanda Benet le compuso

“Yo no te pido”:
“Yo no te pido que me bajes una estrella azul,
sólo te pido que mi espacio llenes con tu luz”.


Milanés cree que compone mejor desde el dolor, la desesperanza, en esos momentos de abatimiento la canción es maravilla luminiscente, caudal de vida que le llena el alma. En sus momentos de alegría, no compone: canta, celebra, le gusta cocinar para su amigos, comparte tragos de ron, como buen oriental.
Otro de sus astros sonoros nació cuando recibió la noticia del asesinato de Miguel Enríquez, el líder del MIR chileno, había sido liquidado en las calles de Santiago el 5 de octubre de 1974. A él dedicó:

“Yo pisaré las calle nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes”.

La canción la compuso en 20 minutos y luego tardó 25 años en regresar a Chile a cantarla, tal como lo había prometido: “una vez que salió del poder su asesino, Augusto Pinochet, volví a pisar las calles chilenas”.

Cuando realizó la ansiada gira por los Estados Unidos llenó cada teatro, agotó la boletería en cada ciudad norteamericana. Sólo en La Florida, la comunidad cubana-miamense protestó su presencia, pero igual se llenó el Miami Arena para verlo. En esa ocasión una periodista le preguntaba ¿sus canciones preferidas son las de contenido político? él respondió: “tengo canciones predilectas, aunque no las cante siempre. Una de ellas la compuse en los años 60 “Ya ves”:
“Ya ves
y yo sigo pensando en ti
como ave
que retornará”

Ese tema impresionó a Julio Cortázar, se lo confesó en sus recurrentes viajes a La Habana. Años después Pablo incluyó la voz del escritor argentino en su álbum “Querido Pablo” con su poema “Yo tuve un hermano, no nos vimos nunca pero no importaba”. El tema “Ya ves” también fue grabado por Adalberto Santiago con la Orquesta de Ray Barreto, se convirtió un éxito mundial en el género salsa en 1979, con el sello Fania.

En 2002 publicó su álbum “Pablo querido” donde reunió 19 grandes artistas de todo el continente. El primer track contiene un introito genial en la voz de Gabriel García Márquez, donde habla de la vocación musical de Pablo, “una casa ambulante, sin puertas ni ventas, donde sólo se habla el lenguaje de la música”. Logró dúos memorables con Fito Páez, Tania Libertad, Charly García, Armando Manzanero, Joaquín Sabina, Francisco Céspedes y Fher, entre otros.

En 2008 estremeció el mundo de la música con el álbum “Mas allá de todo” junto al pianista cubano Chucho Valdés, donde grabaron 10 temas con letras de Milanés y melodías de Valdés: “La cita”, “Distancias”, “Choteo” (término cubano que designa la capacidad de burlarse de lo trágico, reírse de las penas). Fue catalogado por los músicos del feeling, el jazz y la trova: como una joya, diseñada solo con la voz y piano.
La Academia Nacional de las Artes y las Ciencias de la Grabación de EEUU ha reconocido en tres ocasiones el trabajo artístico de Pablo Milanés. Le confirieron el Grammy Latino 2006 al Mejor álbum cantautor “Como campo de maíz”. Ese mismo año le reconocieron por su trabajo “Líneas paralelas” como el mejor álbum Tropical Tradicional, al lado del sonero de Trastalleres, Andy Montañez . Y en 2007 lo recibió por su producción “Regalo” producción que contiene el éxito “Matinal”.
Quizá la canción que represente su pasaporte más universal sea “Para vivir” de infinitas versiones:

“Muchas veces te dije
que antes de hacerlo
había que pensarlo muy bien”.

Esa canción representa algo similar al “Caballo viejo” para Simón Díaz” o “Cantares” para Joan Manuel Serrat: es un icono sonoro, su alter ego musical.

Con 45 álbumes publicados, Pablo Milanés sigue muy activo, en constantes giras por el mundo. Recién publicó su álbum “Amor de otoño” y ya anunció su tour mundial homónimo.

En la actualidad su tiempo lo divide entre España y Cuba. En Galicia, nació su actual esposa Nancy Pérez, allí tienen una hermosa casa. Con ella se casó en 2005, es historiadora de profesión, tienen unos mellizos. En su amada Habana vieja pasa el resto de su tiempo, admite que no puede alejarse mucho de esa ciudad donde se formó y donde quiere morir. Uno de sus placeres más preciado es caminar por su malecón, recorrer las calles de los barrios que conoció de adolescente, ver sus casonas con colores desvaídos, balcones tapiados, dinteles derruidos, calles anegadas de recuerdos, que encierran su mayor querencia.

Podemos concluir, que el muchacho que nació en las riberas del río Cauto, estará por muchos años en el imaginario de los que al son de trova, aprendieron a amar. Sobre todo, en estos tiempos en que la canción padece una anemia sentimental y sus letras son anodinas. Para vivir por siempre nació Pablo, el hijo predilecto del feeling.



León Magno Montiel 
@leonmagnom 
leonmagnom@gmail.com


Fuente: www.correocultural.com

La Nueva Trova: la nueva América.



El 18 de febrero de 1968, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, agotaron sus canciones en la sala Che Guevara de Casa de las Américas en lo que sería considerado el primer concierto de la Nueva Trova cubana. A partir de esos días, las guitarras han pasado de mano en mano para expresar los dolores más intensos y los sueños más humanos de una mujer, un hombre, un pueblo, un continente. A 40 años de aquel estallido poético una cadena de azares me ha traído el encuentro con dos de los más notables creadores que fundaron este movimiento: Vicente Feliú y Lázaro García. Tras sus recuerdos y empeños está la historia y la eticidad del trovador.

¿Cuándo se conocen ustedes?

Vicente: En un viaje a Cienfuegos, en el año 1970, me hablaron del grupo Los Jaguares y “de un tal” Lázaro García. ¡Mira tú! Pero nos conocimos en 1973, en el segundo encuentro nacional de la Nueva Trova. Cuando Lázaro se apeó con la canción “Carretón”, todo el mundo quedó impactado. Desde entonces fuimos amigos. Recuerdo que en 1974 arranqué con Sara González para su casa, cuando vivía al lado del parque, en un cuartico. Me fui con “La gorda” en tren, a cantar. Ensayamos un día entero con Los Jaguares e hicimos un concierto en el teatro Terry. Yo terminé tirando los espejuelos al público (risas) eso fue la locura.

Lázaro: Yo era profesional de la música, en un grupo beat, que hacía incluso versiones de los Beatles. Se llamaba el grupo Los Jaguares no por la fiera, sino por el Hotel Jagua, pues nació allí. Era la época de los grupos españoles, y los Beatles, Chicago; Sangre, Sudor y Lágrimas, etcétera. Recuerdo que en los años 69 ó 70 montamos “La era está pariendo un corazón”, nos dijimos, “¿a ver qué pasa?” y funcionó perfectamente esa canción de Silvio con un arreglo beat.

Vicente: Ya estaba también el programa televisivo de Silvio, que fue breve, en 1967 pero que dijo al país que había un loco haciendo cosas como nosotros. Y después en los Noticieros ICAIC, aparecen canciones de la trova y sobre todo de la música del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

Vicente, ¿si Silvio y tú se conocían desde antes, por qué no formas parte del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC?

Vicente: Sería en 1964, que Silvio empieza a hacer canciones en el ejército. En el primer pase que le dan, me llama diciéndome que tenía una sorpresa, y era la misma mía: ya hacíamos canciones. Silvio se desmoviliza y yo entro en la Universidad, en Física. Ya me muevo en el ambiente de la Casa de las Américas, pero en aquel primer concierto que hacen allí Silvio, Pablo y Noel, el 18 de febrero de 1968, yo voy como público. Recuerdo que fue en la Sala Guevara, sentados en unos daditos chiquiticos de madera, sin sonido. Creo que fue sin sonido, pues los recuerdo a los tres sentados en aquellos daditos, y empezaron a cantar ante un público pequeño y muy juvenil. El más viejo era Pablo y tendría 25 años, Silvio 22 y Noel igual, estábamos entre 20 y 25 años. Terminaron el concierto, fueron hacia el fondo, la gente aplaudiendo, volvieron a salir, saludaron, aplausos, la gente pidiendo otras, y así, hasta que dijeron: “Miren, se nos acabaron las canciones (risas); o empezamos otra vez el mismo concierto o invitamos a otros trovadores que están aquí, que conocemos”; Fue entonces que cantamos Eduardo Ramos, Martín Rojas y yo.

Cuando me voy de la Universidad, en 1969, ya había empezado el Grupo de Experimentación. Recuerdo que Leo Brower le hizo un arreglo a un tema que yo le había compuesto con versos de Javier Heraud y él me invita a que vaya de oyente. Cuando llego estaba Leo hablando del contrapunto trocado y yo, que no sabía ni qué cosa era el solfeo, no entendía de aquello ni papa. Y así, seguí muy cerca, pues ya era amigo de toda la tropa, pero no integré el grupo. Sin embargo, sí di clases con Juan Elósegui, que fue uno de los tres profesores que tuvo el Grupo. Fue quien primero nos busca para enseñarnos. Fue algo increíble, parece ficción. Nos va a buscar a la casa de Silvio, en la calle Gervasio. Recuerdo que estábamos Belinda Romeu, Silvio y yo. Tocan a la puerta y al abrirle, el hombre preguntó directo: “¿Tú eres Silvio, verdad?, y tú ¿Vicente? Bueno, yo soy Juan Elósegui, violista de la Orquesta Sinfónica y autor de los libros de solfeo que se dan en los conservatorios. Yo necesito darles clases a ustedes para que sepan lo que ustedes han hecho hasta ahora.” Y empezó, por su cuenta y riesgo, en su casa a principios de 1969. Y después, Leo lo llama a él para formar el Grupo. Entonces, yo no integro el grupo pero estoy muy cerca de ellos.



Háblenme de ese período tan épico de los trovadores en Angola.

Vicente: Lázaro fue como radista de una unidad de Lucha Contra Bandidos, no fue como trovador. Estuvo en unidad de combate, hasta le cayeron a tiros. Nosotros, Silvio, el Mago (José Álvarez Ayra), el grupo Los Cañas, Manguaré y yo, fuimos movilizados para ir a cantar en los frentes de combate, esa era nuestra misión.

Lázaro: A mí me llaman a la casa a las dos de la mañana y me mandan al Escambray, a una zona detrás de Trinidad a hacer el entrenamiento. Me encuentro allí con el general Orlando Lorenzo Castro (Pineo) comandante, jefe del primer regimiento de Lucha Contra Bandidos. Él me conocía de cuando el servicio militar, sabía que yo tocaba en un combito, y cuando me ve, sin la guitarra me envió con su chofer: “Ve a la casa, y trae la guitarra que tú tienes que alegrarle allí la vida a los guardias; esa es una función muy importante.” Y gracias a él, la guitarra me acompañó en mi vida de soldado. Una cosa curiosa, mis canciones de Angola no reflejan la épica, sino la existencia del soldado como ser humano, el desgarramiento del ser que se separa de su patria, con todas las vicisitudes, los descubrimientos, las tristezas, de ahí canciones como “Querida vieja”, “Al sur de mi mochila”, “Adiós mujer que pasó”, el amor, las penas, las ansias. Es que Angola fue nuestra Sierra Maestra, nuestro Girón. Y yo no creo que el trovador tenga la vocación de guerrero ni mucho menos; todo el que trabaja en la zona de los sentimientos del hombre está muy lejos de la guerra, de lo sangriento y lo cruel que puede ser una guerra, sin embargo, nos parecía que era un deber elemental formar parte de una experiencia vital que te le ponían en la mano y ninguno de nosotros quería desperdiciar esa oportunidad, aún con miedos, con esa disyuntiva que se te plantea al saber que podías o no volver. Tuve la suerte de actuar con el grupo Escambray, con Silvio, con Vicente, con Los Cañas. Hicimos miles de actividades que nos enriquecieron mucho.

La guerra en Angola, después que los surafricanos fueron retrocediendo, se convirtió en irregular. No había prácticamente encuentros frontales de grandes unidades; se convirtió en una guerra de emboscadas y el principal peligro estaba en viajar. Y lo que más hicimos, con la brigada artística fue eso, viajar. Y mira tú, quizá como reflejo, porque no fue a ex profeso, lo que me pedía el cuerpo, era cantarle, desde el soldado que está cumpliendo una misión, a los sentimientos, por ello canciones como “Si de tanto soñarte” no es asociada a aquel momento épico.

Estuviste en fuertes combates.

Lázaro: Sí, caí en dos emboscadas donde mataron gente, vi compañeros heridos a mi lado, y lo de mi herida (ríen)… después que llegué a la cuneta tras la sorpresa de mi primera emboscada, me vi ensangrentado; y me dije, “Hasta aquí. Pero, ¿no dicen que el tiro que te lleva no se siente?...” (risas) y entonces me di cuenta de que con el AK, como fui arrastrándome por la carretera hasta alcanzar la cuneta, me hice la herida, en el nerviosismo, arañando el pavimento; esa era la sangre en las manos.

Y en tu caso, Vicente, ¿cómo llegas allá?

Vicente: A partir de que Fidel habla en el Congreso del Partido, ya era un secreto a voces que estaban los cubanos peleando en Angola. Y nuestra generación dijo “esta es la nuestra, la que nos toca”. Entonces, voy a ver a un socio mío que trabaja con Raúl Castro y le dije que me quería ir a Angola. Y él me dijo, —muchacho, si Raúl tiene puesto un cartel en la puerta que dice “el que venga a hablarme de Angola, métanlo preso unos días y suéltenlo después” (risas). Todo el mundo quería irse a Angola. Entonces me aconsejó: —Busca otra vía como periodista o trovador, porque como guardia nadie va a mandar para allá a alguien que ni pasó el servicio por cegato.

Un día, quizá a inicios del 76, iba con Silvio para San Antonio. En el camino le cuento a Silvio que estaba haciendo gestiones para irme a Angola. Me dijo: —Eres el tercer trovador que sé que está en esa. Hice un silencio y le pregunté: —Aparte de tú y yo, ¿quién es el otro? Y contestó: —“Pablo”.

Pablo Milanés hizo la gestión con Haydée y le dijo que no. Ella era del criterio de Ho Chi Min, “hay que salvaguardar los artistas”. Con todo lo que pasó Haydée y cómo valoraba ella el arte latinoamericano, pues… de ninguna manera. Te digo esto porque es interesante la actitud. Nosotros habíamos cantado a la lucha armada, al Che, a la liberación de América Latina, y era el momento de asumir las canciones, de defenderlas con actos, de ser consecuentes, con ellas, con nosotros mismos, con lo que habíamos cantado.
Lázaro: Es que éramos de la canción llamada protesta, política, y que hacíamos contra los gobiernos de las dictaduras en el continente, contra la guerra en Vietnam, en fin, contra el imperialismo. Y nosotros mismos nos cuestionábamos: desde aquí, denunciar, cantarle al Che, al combate por la vida, es un chiste, porque no hay ningún peligro; tenemos en la mano la revolución, que podíamos criticar, y lo hacíamos, pero en todo el caso los riesgos eran nada; y Angola era la oportunidad de ser consecuentes con lo que decíamos.

Vicente: Era el momento, la oportunidad, para nosotros —que éramos también los criticones—, de decir con acción: estamos dispuestos a defender la Revolución donde sea, en el mundo entero. Y esa es la actitud que tuvimos, la que hemos tenido todos los trovadores, desde el siglo XIX. En aquellos años nos íbamos a las fábricas, escuelas, unidades militares, a veces hasta cortábamos caña y después cantábamos. Y eso era día tras día, yo estuve sacando la cuenta, y en Angola, Silvio, el mago y yo, en unos cinco meses, o sea, más o menos 150 días, unas 300 ó 400 actuaciones. Nos movíamos en un jeep, en una BTR en lo que fuera y pa’lante. Y de todas aquellas actuaciones yo recuerdo que solo dos fueron con audio.

En el anfiteatro de Dinge, en Cabinda, tenían un anfiteatro hecho de bambú, en aquello que no era selva, era la jungla. Un lugar donde los tanques tropezaban con los bejucos, y allí hicieron un anfiteatro de bambú, a machete, y tenía hasta camerinos. Y claro que sin audio, y tocamos para 500 personas. Y así actuamos, Silvio, el Mago y yo.

Lázaro: Por cierto que con el mago, los angolanos se quedaban fascinados, lo tomaban por un brujo, de poderes sobrenaturales.

Vicente: Hay una anécdota muy buena con él. Nosotros actuábamos también para los prisioneros enemigos. Después de una actuación del Mago, los presos de la UNITA hablaron hasta por los codos. Cuando aquellos prisioneros vieron a aquel tipo apareciendo y desapareciendo cosas dijeron: “Coño, pa’l carajo” y del susto dijeron hasta lo que no sabían. (risas)

El 30 de noviembre se celebró el aniversario 35 de la fundación de la Nueva Trova, como movimiento reconocido, en el evento “Una guitarra, un buen amor”; más de 12 horas de descargas en la calle 23 y la Universidad de La Habana. Luego, en Manzanillo, el Festival Carlos Puebla, recordó también aquel momento de fundar. Publicaciones como El Caimán Barbudo, Dédalo, o el periódico Juventud Rebelde, han dedicado varios artículos al estado de la trova y su importancia para el enriquecimiento espiritual de la nación.

Vicente: Yo creo que hay una nueva generación de trovadores que están cantando con las herramientas, con los hierros, de los tiempos que les ha tocado vivir. En la mayoría de ellos con el compromiso ético ancestral del trovador cubano, del decimonónico libertario, del trovador independentista, del trovador guerrero. Y creo que hay una cantidad de gente extraordinaria. En tu casa, justamente, veíamos esta idea maravillosa de Pavel Poveda, que es uno de esos nuevos que tiene unas canciones tremendas, de hacer los conciertos en el centro hispanoamericano y grabarlos, en ese espacio llamado “Verdadero complot”; lo cual reedita la idea maravillosa de Víctor Casaus en el Centro Pablo de la Torriente Brau. Víctor, que es uno de esos trovadores que perdió la guitarra en el camino. Yo dije una vez que el trovador no solo era inmortal, sino que además era inmatable. La cultura cubana lleva en sus más acendradas raíces, el canto de los trovadores. No te olvides que “La bayamesa” es de 1851 y aquellos tres jóvenes trovadores y poetas, José Fornaris, Castillo y Carlos Manuel de Céspedes, fueron después esencia misma de la independencia cubana. O sea, que la trova nuestra surge paralela, cuidado no antes, que la identidad cubana; o sea, tú no puedes hablar de la nación cubana sin la trova cubana. Yo no me canso de decirlo, sobre todo a los más jóvenes trovadores porque de eso se trata, de que el trovador se la juega; dondequiera que esté.

Lázaro: Hay como una espiral en el tiempo. Nosotros, en el disco El agua que bebimos acudimos a aquella trova tradicional, y ya vamos teniendo suficiente edad para que los trovadores que van llegando beban de la fuente nuestra. Es que toda es la misma trova, solo que la nuestra fue marcada como “nueva” quizá por las circunstancias en que salió. Una revolución que nacía conmocionando al continente; éramos muy jóvenes envueltos en aquellos acontecimientos estremecedores, un tiempo de transformación; nos movimos en una marea de cambios, de dudas, de sueños, y eso nos ayudó mucho. Fuimos parte del alumbramiento de la Revolución Cubana. Y claro que lo hicimos inocentemente, nadie de los que hacíamos canciones sabía adonde irían a parar, eran las canciones urgidas por los sucesos que protagonizamos, muy naturalmente, sin darnos cuenta. La vida se encargó después de decir que era un movimiento generado por una convulsión política.

Los 60 fueron los años de la guerrilla latinoamericana, de un mundo nuevo inspirado en la Revolución Cubana. Estos son días en que se gesta un nuevo movimiento de luchas e integración de nuestros pueblos, solo que por otras vías. Telesur, libros del ALBA, y otros proyectos culturales aceleran ese intercambio que parte de la alfabetización y la salud para todos. ¿No estaremos viviendo otra especie de vuelta sobre el mismo hecho? 

 Vicente: Desde mediados de los 80 se acabaron las dictaduras latinoamericanas y llegaron las “democracias”, y mucha gente pensó que esta canción ya no tenía razón de ser. Los pilares de entonces, los de mi generación, en el continente, tuvieron como que el reposo de los guerreros, retomando fuerzas y en los 90 volvieron a arremeter con otras canciones nuevas, con otras canciones viejas, y empezó a aparecer una generación de cantores como los Negro y Blanco que hicieron un bojeo total por Bolivia; el Gabo Zequeira, por ejemplo, que no estuvo en la guerrilla; pero estuvo al lado de las madres de la Plaza de mayo; estuvo en diciembre de 2001 en la calle en las broncas que hubo en la Argentina y a partir de ahí empezó a hacer canciones. O sea, que es un canto que nace del parto revolucionario. Es un canto que nace de la vida, y la vida está resurgiendo en la América Latina. Después de Alí Primera como que no hubo más, y ahora hay una hemorragia de cantores en Venezuela. En Bolivia también, en Nicaragua están cantando gente nueva también. No se puede hablar de la Revolución del Frente sandinista sin hablar de Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy; es como hablar de la Revolución Cubana sin hablar de Carlos Puebla. Quizá por eso a mí se me ocurrió inventar esa entelequia rara que se llama “Canto de todos”, tratando de emplear esa experiencia que tengo, —ya que soy muy conocido y, por suerte, no famoso— recorriendo nuestros pueblos buscando a los jóvenes, a los que me les puedo acercar, se pueden acercar a mí, pues puedo hasta cantar en lugares pequeños, cosa que no pueden hacer Silvio y Pablo; aunque quieran, no pueden. Les voy contando lo que ha sido para nosotros y para la historia americana el trovador. Qué fue Violeta Parra, que fue Víctor Jara, Benjo Cruz, Jorge Salerno… Entonces esa ética es la importante. Las sociedades se pueden joder, las revoluciones se pueden caer, volver a levantarse; pero la memoria es la que no se puede perder. Esa memoria ética del trovador, que canta pese a todo, es la que yo he tratado de transmitirles a esos muchachos. Y muchos de ellos, lógicamente, tienen como referencia de revolución a Cuba y la Nueva Trova. Porque, además, nosotros les cantamos, en aquel momento, a los problemas que no se han resuelto, ni en Cuba ni en América, ni en el mundo, al contrario, en muchos casos se están agravando más y de pronto esas canciones parece que se hicieron ahora mismo. Somos inevitablemente un referente.

Teniendo en cuenta que Silvio y Pablo son como los mayores íconos de ese movimiento: ¿podríamos decir que esas tergiversaciones, manipulaciones y hasta falsas noticias o apócrifos que riegan los grandes medios masivos, cada vez más intensos contra ellos, obedecen precisamente a la intención de atacar a los trovadores para destruir el símbolo de unión de los pueblos que significan las canciones de ustedes?

Vicente: Por supuesto, ahora está circulando un chiste de unos chilenos de que Silvio iba a irse a vivir indefinidamente a Chile por razones descabelladas… un chiste que hicieron el día de los inocentes y lo curioso fue que lo hicieron en “Nuestro canto”, que es un portal de la nueva canción chilena. Silvio lo desmintió, lo desmentí yo a medio mundo que me escribió con asombro. Asimismo están manipulando el hecho de que Silvio, después de estar 15 años en la Asamblea Nacional, pidió su liberación para poder trabajar en su obra, pues le queda muchísimo por hacer y, por ley natural, le queda muchísimo menos tiempo para hacer. Y tiene prisa por las canciones suyas por grabar, y las que le faltan por hacer. Aparte de empresas tan impresionantes como la gira por las prisiones, que fue algo que comenzamos en los 90, pero se acabó la gasolina y ahora retomamos y seguirá. Déjame decirte que cuando se terminen de editar y se pongan los videos de esta gira se les acaba el trabajo a los descarados disidentes esos que dicen que en Cuba no hay derechos humanos, que los presos pasan hambre, que no tienen atención médica. Les serruchamos el piso con estos conciertos a esos que cultivan el odio y la mentira: ellos tienen que echarle paja a alguien y a quién mejor que a Silvio, que es un símbolo de esta Revolución. A Pablo también le tergiversan cualquier declaración, las sacan de contexto.

Lázaro, en muchos otros aspectos han atacado a Silvio, incluso en relación con la labor que desempeña al frente de los estudios Abdala.

Lázaro: Voy a correr el riesgo porque a Silvio no le gusta, nunca le ha gustado, que sus ayudas, sus colaboraciones, su desinterés se haga público. Lo hace de una manera, incluso a veces fantasmal, para no verse implicado siquiera en la posibilidad de que le agradezcan. Pero yo creo que es necesario que se digan al menos algunas de esas acciones.

Desde que Silvio comenzó a tener entradas económicas por sus canciones y conciertos, por su popularidad, ha estado apoyando, tirando cabos, tanto institucionales como afectivos y son muchas las anécdotas.
Vicente: Un ejemplo al vuelo: los instrumentos de mi primer grupo, los compró él, y cuando abandoné el grupo pasaron a los estudios Eusebio Delfín, de Cienfuegos.

Lázaro: La primera grabadora que yo tuve para trabajar con más facilidad, pues nosotros componíamos a memoria por entonces, me la dio él. Una de las angustias de los trovadores de nuestra generación eran las posibilidades de grabar. Hacer un disco era una hazaña. Las canciones de muchos trovadores viejos, esenciales, se perdieron por no tener posibilidades de grabarles. Cuba siempre fue una potencia en la música popular, pero con la revolución y todas las escuelas, han crecido los músicos por todos los rincones de la Isla, con un nivel académico tremendo. Sin embargo, los estudios en Cuba eran pocos, viejos, con equipamiento obsoleto, en casas adaptadas. Estudios de verdad, con condiciones más o menos, estaban los de la EGREM en la Habana y Siboney en Santiago de Cuba, en el centro del país no había nada. Le expresé esa idea a Silvio de crear un pequeño estudio donde dejar al menos registrada algo de la memoria musical del centro, y enseguida colaboró, económicamente, y moralmente, pues envió cartas a las instituciones para que apoyaran. Donó equipos y tecnología sin que en esto mediara ni siquiera intención de amortizarle o devolverle nada. Es simplemente algo que él consideró y todos consideramos importante y así se hizo el estudio Eusebio Delfín.

Los estudios Abdala, que son los más significativos que hoy tiene Cuba, surgen en una conversación con Fidel, donde Silvio le plantea el interés de que tengamos unos estudios al nivel de nuestro desarrollo musical. Fidel fue muy receptivo. Silvio le dijo que él tenía algunas entradas con las que podría financiar sobre todo el equipamiento técnico. Y tras ese encuentro enseguida se dedicó a concretar aquello. No vamos a hablar de cifras, pero quien tiene idea de unos estudios como esos sabe que son costosos. Y realmente a Silvio hubo que mandarlo a parar, por el monto de sus donativos; no pocas giras hizo en función de recaudar dinero para esos estudios. El propio Comandante le dijo que era abusivo ya el monto de esa donación; de ahí que lo mandó a parar y el Estado concluyó la obra.

A mí me maravillan algunos cables que dicen que esos estudios representan para Silvio entradas millonaria, pues Abdala no se hizo con pensamiento lucrativo, sino para darle cuna tecnológica actualizada a tanta obra buena. Y, por otra parte, desde que se crearon los estudios, lejos de grandes ganancias, siempre han traído pérdidas. Las ganancias han estado en el sentido de la cantidad de creación musical que hemos logrado atesorar en esas grabaciones. Causa risa, pues Silvio ese dinero lo entregó, lo donó, y te puedo decir, ahora que estoy metido al frente de todo esto, que ese dinero no aparece registrado a su nombre en la inversión económica, o sea que es un dinero que no hay que recuperar, no hay intereses, no hay que reponérselo, es su aporte a una obra interesantísima.

Ahora, el regalo que le hacemos a Silvio en el décimo aniversario de los estudios Abdala, es la reorientación de su funcionamiento, ajustarnos más a la génesis. Ya nos habíamos enredado en la creación de sellos discográficos, editoriales, que dispersaban el trabajo y aumentaban los costos. Ahora nos concentraremos en dotar al país de los mejores estudios, mantenerlos en punta tecnológicamente y abrirnos paso con los sellos discográficos cubanos y ante las posibilidades que abre el ALBA para toda esa música por rescatar con la mayor calidad; toda la música folclórica y de los valores culturales de nuestros pueblos. Como se sabe, los estudios de grabación en el Sur están en manos o en función de los monopolios, de las transnacionales del disco y el mercado musical, con sus concepciones lucrativas; y por tanto, las expresiones más auténticas quedan fuera, se extinguen, marginados con todo ese gaseado de idiotez, de música banal que tiene permeado a todos los medios de difusión, incluso a los nuestros en buena medida.

Entonces estamos en condiciones, en este décimo aniversario de Abdala, de amortizarle a Silvio, no el dinero que invirtió, sino el sueño que se trazó, convirtiendo este lugar en un centro importante para el desarrollo de la cultura cubana y de América Latina.


Fuente: www.lajiribilla.cu

24.2.13

Pablo Milanés, poeta y trovador


El cantautor cubano, que afirma tener tres predilecciones absolutas: la música brasileña, el jazz y el barroco, cumple mañana 70 años de hacer canciones con “feeling” y alto contenido social.

Tegucigalpa, Honduras.

Se considera un abanderado de la revolución. Sus canciones, que nacieron con el estilo musical conocido como “feeling” en los 40, se alimentaron del son cubano y la música protesta en los setenta.
Pablo Milanés, el cantautor cubano, fundador de la Nueva Trova junto a Silvio Rodríguez, cumple mañana 70 años de vida y continúa sacándole notas a su guitarra y componiendo temas que hablan de amor, de desamor, que elevan a la mujer a un nivel sublime, a la tierra que lo vio nacer, a la libertad, a la injusticia... Y llegan para quedarse como “Yolanda”, “Yo me quedo”, “Amo a esta isla”, “El breve espacio en que no estás”, “Para vivir” y “Cuánto gané, cuánto perdí”, entre otros.
“Yo no tengo mercado millonario. Yo no tengo un mercado de all star, simplemente tengo este mercado de la confrontación personal con el público, y con eso me basto, de eso vivo y espero que el público internacional que me escucha viva también de esas modestas emociones que le puedo producir con mi obra. En definitiva, esas son las confrontaciones que más me complacen”, dijo a los periodistas luego de un concierto en Londres hace unos años.
QUIÉN ES. Pablo Milanés nació en la ciudad de Bayamo, provincia de Granma, Cuba el 24 de febrero de 1943.
Estudió música en el conservatorio municipal de La Habana y fue influenciado por la música tradicional cubana y por el feeling (una fuerte corriente estadounidense de la canción romántica y el jazz). Con este estilo que inició en Cuba en los años 40, el compositor, cantante y guitarrista dio el primer paso de un recorrido por diversos géneros hasta llegar a la llamada Nueva Trova cubana.
Como intérprete, se incorporó al cuarteto Los Bucaneros, con quienes colaboró en sus primeros trabajos. También probó suerte como solista ocasional, como una forma de allanar su camino como solista.
En 1965 Milanés lanza Mis 22 años, considerada por muchos el nexo entre el feeling y la Nueva Trova Cubana, incluyendo nuevos elementos musicales y vocales que serían precursores de la música cubana que vendría después. La colaboración con Los Bucaneros alcanza hasta 1966. En 1967 se incorpora al servicio militar obligatorio. Era la época de la guerra de Vietnam y Pablo Milanés comienza a tomar partido por las causas sociales, surgiendo en sus temas la preocupación por lo que le rodea. Lo que siguió va como anillo al dedo a una frase que emitió un seguidor del artista: “A Pablo Milanés no le gusta cantar solo. Por eso siempre encuentra motivos para rodearse de alguien que quiera acompañarlo. Esos con quienes puede compartir a diario, o aquellos a los que nunca conoce ni conocerá jamás, son los preferidos”.
Y eso fue precisamente lo que ocurrió en 1968, Milanés ofrece su primer concierto con Silvio Rodríguez en la Casa de las Américas. Ésta sería la primera muestra de lo que más tarde, en 1972, surgiría como el movimiento musical popular de la Nueva Trova.
En ese mismo lugar conocería a los miembros de la élite cultural y musical de otros países americanos con los que compartía sus preocupaciones sociales. Violeta Parra, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti, Chico Buarque, Simone, Vinícius de Moraes, Milton Nascimento, Víctor Jara entre otros muchos, pasaron por la Casa de las Américas en aquella época. Perteneció al Grupo de Experimentación Sonora y ha compuesto temas para el cine.
En esta etapa que abarca desde finales de los sesenta hasta mediados de los setenta, salen a la luz temas como: “Yo no te pido”, “Los años mozos”, “Cuba va”, “Hoy la vi”, “Yolanda”, “No me pidas”, “Los caminos”, “Pobre del cantor”, “Hombre que vas creciendo” y “Yo pisaré las calles nuevamente”. A principios de los 80 formó su propio grupo y reunió a sus grandes amigos en un disco titulado “Querido Pablo”, en el que participan gente de la talla de Víctor Manuel y Ana Belén, Luis Eduardo Aute y Mercedes Sosa, entre otros. Este álbum tuvo una secuela en 2001, es decir que, veinte años después, un puñado de artistas se vuelven a reunir para cantar al son de Pablo Milanés y esta vez incluidos los mexicanos Fher de Maná, Marco Antonio Muñiz y Armando Manzanero.
Y en 2005 compone parte de la banda sonora de la película “Siempre Habana”, dirigida por Ángel Peláez. A Pablo Milanés se le tiene por una de las voces del régimen cubano, pese a que se muestra crítico con lo que ocurre en la isla. “Sí, porque soy un abanderado de la revolución, no del gobierno. Si la revolución se traba, se vuelve ortodoxa, reaccionaria, contraria a las ideas que la originaron; uno tiene que luchar”. Quizá por eso dijo en un concierto: “hay que hacer otro socialismo y una nueva revolución en Cuba”.

Los 70 años de la voz de Cuba: Pablo Milanés

Pocos saben que su nombre completo es Pablo Milanés Arias, pero muchos deben saber que el cantautor cubano más conocido en el mundo -junto con Silvio Rodríguez- nació el 24 de febrero de 1943 en la localidad de Bayamo, en la provincia de Granma. Es decir, cumple 70 años de edad, e increíblemente su música resuena como el primer día en que cogió una guitarra y empezó a soñar con letras y melodías.


Desde que estudió piano en el Conservatorio Municipal de La Habana, en los años ’50, el joven Pablo Milanés sabía que lo suyo era el ritmo y la letra con sentido social. Pero tuvo maestros que le dieron grandes lecciones.
Dos de estos fueron el pianista y compositor Candito Ruiz , y el declamador y pianista Luis Carbonell. No obstante, sus historiadores dicen que su mejor escuela fueron los músicos tradicionales cubanos, es decir, la ‘Vieja Trova’. Entre estos destacaron Barbarito Diez, Benny Moré y Vicentico Valdés. Otros indican que tuvo mucha influencia sobre él, el bolerista chileno Lucho Gatica .
En los primeros años de Revolución cubana, Milanés cantaba en agrupaciones vocales como el Cuarteto del Rey (1959-1963), como primera voz. Y luego se empapó en casa de su maestro Carbonell de la música barroca, especialmente del genio de Johann Sebastian Bach . Después integró el grupo Los Bucaneros (1964-1966).
Fue época de influencias y trabajo creativo. El gran Pablo cantaba en Nights Club, a guitarra pelada. La música brasileña, la experimental, así como cantantes europeos de las décadas pasadas, le ayudaron a ser el gran artista que todos conocemos.

 Pero no hay otra experiencia vital más profunda en su carrera que haber formado parte del movimiento de la Nueva Trova cubana , junto con Noel Nicola y Silvio Rodríguez . A partir de ese momento, se hizo un personaje de la música continental.

Los puntos de inflexión en la vida artística de Pablo Milanés son muchos. Uno de ellos fue la aparición en 1965 de ‘Mis 22 años’, un disco que experimentó con el feeling y la Nueva Trova cubana. Es decir, hacer canciones con guitarra y poesía. Nada más. Una tradición popular muy arraigada en la isla caribeña.
Encontrarse en ese contexto político, musical y cultural con Silvio Rodríguez, su coetáneo, fue excepcionalmente importante para él. Era 1968, y cantó junto a su gran amigo en la Casa de las Américas . Fue un concierto fundacional.
Ya en 1972 el movimiento musical popular tomó forma, y así la Nueva Trova convocó a numerosos músicos latinoamericanos, quienes desde sus países desarrollaron una música de poesía y reflexión humana.
Milanés se sintió entonces parte de algo más grande que él mismo. El son cubano y la denominada ‘canción de protesta’ eran dos opciones que a veces lograba fusionar, pero lo suyo casi siempre iba hacia lo poético, lo esencial, y en grandes pasajes de su carrera por lo romántico.

Como miembro del Grupo de Experimentación Sonora compuso incluso temas para cine. Los años ‘70 vieron a la luz canciones de una gran sensibilidad. ‘Yo no te pido’, ‘Hoy la vi’ o el famoso canto al amor ‘Yolanda’, surgieron al lado de otras más sociales como ‘No me pidas’ o ‘Yo pisaré las calles nuevamente’.

Los años ‘80 fueron de gran producción musical para el trovador cubano. En 1986 salió a la venta el disco ‘Querido Pablo’ , con canciones de la década anterior y de los últimos años, al lado de viejos amigos de la música y de la vida, como Víctor Manuel, Ana Belén, Luis Eduardo Aute y la gran Mercedes Sosa.
Pablo en el corazón del Perú
La presencia de Pablo Milanés ha sido recurrente en el Perú. Especialmente desde los años ’90, cuando de España y Europa en general, regresaba a sus raíces, a América. El 18 de noviembre de 1995 el cubano cantó en Lima, al lado de Víctor Manuel , como parte de una gira que incluiría Argentina, Colombia y Ecuador. La sede fue la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
Un año después, el 12 de octubre de 1996, volvió a sensibilizar al público limeño en el mismo lugar universitario, pero esta vez estuvo acompañado por otro gran trovador: el español Joaquín Sabina , en un concierto muy celebrado y cantado hasta la medianoche.

La Feria del Hogar lo recibió en su gran estelar dos noches seguidas: el 23 y 24 de julio de 1999. Era el retorno de un grande de la música latinoamericana, aunque tuvo que superar problemas de salud, que hacía poco tiempo había provocado que no cantara en algunos sitios de Chile.

Dos años después, el 2001, el regreso de Pablo Milanés a Lima ocurrió el 28 de setiembre. El concierto se denominó “Todas las sangres y culturas: homenaje al Perú”, en el que se unieron en el canto también los argentinos Mercedes Sosa y Víctor Heredia .
Después de muchos años, el cubano trabajaba un disco completo, en todas las etapas del proceso. Fue en abril de 2008 que concluyó la tarea. Lo llamó ‘Regalo’. De ese disco declaró en su momento:

“Me parece que retornar, lograr hacer ese trabajo, tener fuerzas a estas alturas, me rejuvenece y me hace mucho más feliz indudablemente”.

El álbum combinaba baladas con toques de jazz, pero también los temas de protesta y de ilusión alrededor de imágenes de la realidad de su país.


Lima lo vería ya bastante mayor, pero con la potencia y clase de siempre, el 1 de diciembre de 2012. Su concierto, en el Polideportivo de la PUCP fue muy tierno, sólido musicalmente y emotivo, al recordar clásicos de su repertorio musical.
Entre la gente, esa noche sabatina, hubo hasta tres generaciones marcadas de abuelos, padres e hijos, que vibraban con la misma pasión por la música de Pablo Milanés, el amigo del Perú, el gran trovador.


(Carlos Batalla) 



23.2.13

Pablo Milanés: De bandera de la revolución al olvido

POR IVAN GARCIAESPECIAL PARA DIARIO LAS AMERICAS


En 1990, cuando se iniciaron los años duros del ‘período especial’, Fidel Castro, con las arcas desnudas y las cifras en rojos, decidió convertir a Cuba en un fortín. El PIB había caído un 35%. La gente comía poco y mal. Los apagones eran de 12 horas al día. Y las bicicletas y bueyes sustituían a los autos y tractores.

El presidente español Felipe González le soplaba consejos políticos al comandante en el oído. “Fidel no puedes convertir la isla en una Numancia”, en referencia al cerco de la ciudad ibérica por tropas del general romano Escipión. A Castro, quien ya en plena crisis de los cohetes en 1962 había sugerido al mandatario ruso Nikita Kruschov disparar primero sus misiles, le agradó la analogía.

Fue en esa etapa, cuando los talibanes ideológicos que manejaban los hilos de la política informativa, decidieron convertir en himno de combate una de las canciones de Pablo Milanés. En medio de ese delirio de inmolación, en marchas, aniversarios de la revolución y maniobras militares contra una supuesta invasión de Estados Unidos, retumbaba la estrofa final de Cuando te encontré:

Y se encontrarán los del machete aguerrido con el último héroe que hasta hoy se ha perdido, todos gritarán será mejor hundirnos en el mar que antes traicionar la gloria que se ha vivido.

Pablito, como le decían, era entonces un ícono. Había llegado a la cultura de masas gracias al Movimiento de la Nueva Trova, creado en 1972 por Haydée Santamaría, presidenta de la Casa de las Américas y heroína de la revolución. Fue uno de sus fundadores, junto a Silvio Rodríguez.

Pablo Milanés Arias nació el 24 de febrero de 1943. En una fecha patria (estallido independentista organizado por José Martí en 1895), y en una localidad histórica: Bayamo, actual provincia Granma, a más de 800 kilómetros al este de La Habana. San Salvador de Bayamo fue la segunda villa fundada por Diego Velázquez, hace 500 años, el 5 de noviembre de 1513. La ciudad es cuna del Himno Nacional (20 de octubre de 1868) y de la rebeldía insurgente.

Muy joven, Pablo arribó a la capital, con la intención de estudiar música en el conservatorio. Ya era un buen exponente de la música tradicional y el feeling, movimiento musical surgido en La Habana de los 40, donde el sentimiento definía la interpretación. Un estilo influenciado por las corrientes estadounidenses en las composiciones románticas y el jazz.

Su primer gran éxito ocurrre en 1965 con la guajira-son Mis 22 años, considerada un nexo entre los dos movimientos, el del feeling y el de la nueva trova. En 1966, como le ocurrió a unos 48 mil jóvenes de toda la isla, por el solo hecho de ser religiosos, homosexuales, roqueros o artistas, Pablo es enviado a la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), una especie de ‘gulags’ en la provincia de Camagüey. Tenía 23 años. La represión contra el cantautor la vivió en primera persona la actriz y cantante Myriam Acevedo, exiliada en Italia. Se lo contó a la periodista Tania Quintero en una entrevista realizada en enero de 2009:

“Pablo Milanés, junto con Ricardo Barber, un actor de teatro, ambos amigos míos, fueron llevados a la UMAP y encarcelados en aquel campo de concentración. Ricardo me escribió un telegrama que decía: ‘Si no me sacas de aquí me suicido’. Di la voz de alarma, y en la Unión de Escritores y Artistas se formó una comisión de diez intelectuales, entre ellos yo, para discutir el problema de la UMAP con el Ministro de Cultura. Ni ese primer intento ni ninguno de los posteriores dieron resultados. Entonces Ricardo y Pablito planean la fuga y se escapan de la UMAP, en Camagüey.

“Recuerdo que estaba cantando en El Gato Tuerto cuando veo aparecer el ‘fantasma’ de Pablo Milanés, a quien yo hacía en la UMAP. Pero no, Pablito estaba allí, mientras yo estaba interpretando su canción ‘Ya ves, yo sigo pensando en ti’. A Ricardo lo tuve escondido tres días en mi casa. Pero tanto Pablito como Ricardo tuvieron que entregarse y volver a la UMAP”, recordó Myriam Acevedo.

Era la época de la guerra en Vietnam. Y Pablo Milanés toma partido por las causas políticas y sociales. En 1968 ofrece su primer concierto con Silvio Rodríguez en la Casa de las Américas. Después que en 1972 fuera miembro ilustre de la nueva canción revolucionaria, comparte escenario con lo más granado de la canción comprometida en el continente y España. Violeta Parra, Chico Buarque, Simone, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti, Vinicius de Moraes, Milton Nascimento, Víctor Jara, Fito Páez, Joaquín Sabina, Ana Belén y Víctor Manuel, entre otros, han cantado con Pablo en conciertos o grabado discos.

A principios de los años 80, el autor de Yolanda, una de las canciones más interpretadas en todo el mundo, decide formar su propio grupo musical, uno de los mejores de Cuba, por los excelentes músicos, acertados arreglos y variedad de géneros. Pablo siguió apostando por canciones protestas: No vivo en una sociedad perfecta, Hombre que vas creciendo, La vida no vale nada, Pobre del cantor y Yo pisaré las calles nuevamente, entre otras.

Otra faceta destacada es haber rescatado vacas sagradas de la música cubana. Mucho antes de que el alemán Win Wenders y el gringo Ry Cooder, en 1996, recorrieran La Habana en una moto rusa para filmar el documental Buena Vista Social Club, ya Pablo había grabado más de un disco con músicos que fueron conocidos y ahora desahuaciados, entre la escasez y el ron barato.

En los 80 grabó con viejos trovadores como Luis Peña, El albino, Cotán y una pléyade de intérpretes olvidados: Pío Leyva, Ibrahim Ferrer y Compay Segundo. Ha sido promotor de jóvenes valores como Gerardo Alfonso, Raúl Torres o Los Aldeanos, a quienes invitó a compartir escenario en un recital ofrecido en el malecón habanero, en el verano de 2008. O de sus propias hijas, Haydée y Lynn Milanés, herederas del talento musical de su padre.

Es uno de los cantautores cubanos que más discos ha grabado, con repertorios y estilos muy variados: trova, boleros, feeling, números románticos... También ha compuesto música para películas y series televisivas.

Mientras Silvio Rodríguez iba tejiendo una red de amistades e influencias con pesos pesados del régimen verde olivo, Pablo Milanés levantaba ronchas por el quehacer de su Fundación -clausurada por desavenencias con Armando Hart, en ese momento ministro de Cultura- y por canciones desgarradoras en apoyo de los homosexuales, como El pecado original.

Silvio y Pablo son dos piezas claves de la canción revolucionaria. Rodríguez pasó de ser un crítico abierto del estado de cosas en la década 1960-70, a un ferviente admirador de Fidel Castro. Milanés recorrió un camino a la inversa.

Su posición política se modificó. En una entrevista concedida a Univisión en Washington DC, en agosto de 2011, cuando inició su gira por Estados Unidos, declaró: “Yo he sido fidelista, ya no soy fidelista”. Sus posturas contestatarias las ha pagado con un discreto silencio en los medios oficiales.

De himno de la revolución pasó al cajón de los olvidos. Lentamente, en fade, la radio y televisión nacional lo ha ido relegando. A sus 70 años, pocos en Cuba están al tanto de sus últimas canciones y conciertos, de su salud o en qué país actualmente reside.

En una autocracia, levantar la voz sin autorización tiene sus consecuencias. La lealtad tiene que superar al talento. Llámese como se llame. Incluso, Pablo Milanés

22.2.13

Seis curiosidades acerca de Pablo Milanés

Con motivo del 70 aniversario del natalicio del trovador Pablo Milanés, Grupo Sexenio Comunicaciones se complace en presentar seis curiosidades acerca del intérprete que revolucionó la Nueva Trova Cubana. 
22 de febrero de 2013 por Carlos Peral Sección Genio Seis curiosidades acerca de Pablo Milanés Pablo Milanés nació el 24 de febrero de 1943 en la ciudad de Bayamo, Cuba. Es un compositor, cantante, guitarrista, cantautor y uno de los fundadores, junto con Silvio Rodríguez y Noel Nicola, de la Nueva Trova Cubana. 
 En sus primeros años, Milanés estuvo muy influenciado por la música tradicional cubana y por el feeling (sentimiento). 
El feeling es un estilo musical que se inició en Cuba en los años cuarenta y suponía una nueva manera de afrontar la canción; se acompañaba de una guitarra, al estilo de los viejos trovadores pero enriquecido por armonizaciones jazzísticas. Como intérprete, Pablo Milanés formó parte del cuarteto Los Bucaneros, con quienes colaboró en sus primeros trabajos. También probó suerte como solista ocasional, diversificando de esta manera sus experiencias que más tarde le llevarían a trabajar en solitario. 
En 1967 se incorporó al servicio militar obligatorio. Era la época de la guerra de Vietnam y Pablo Milanés comienza a tomar partido por las causas sociales, surgiendo en sus temas la preocupación por lo que le rodea. 
 Ya en el año de 1968, Milanés ofrece su primer concierto con Silvio Rodríguez en la Casa de las Américas. Ésta sería la primera muestra de lo que más tarde, en 1972, surgiría como el movimiento musical popular de la Nueva Trova. 
Pablo Milanés se ha caracterizado por mantener una posición de crítica pública a los errores que, a su juicio, se han cometido en la conducción de la Revolución Cubana, sin dejar de defender por ello la Revolución. Como compositor, Milanés ha tocado diversos estilos, entre ellos el son cubano y la canción protesta a finales de los sesenta. Ha pertenecido al Grupo de Experimentación Sonora y ha compuesto temas para el cine. Así pues, Grupo Sexenio Comunicaciones te presenta a continuación seis curiosidades sobre el prestigioso cantautor con motivo de la celebración por sus 70 años. 
 **** 
1 - Su canción Mis 22 años es para muchos, el punto más claro de contacto entre el feeling, la canción cubana y la nueva trova.
2 - Realizó estudios de composición, armonía, contrapunto y orquestación con importante maestros; a lo largo de estos años, compuso música para siete largometrajes, más de 30 documentales y series de televisión.
3 - El catálogo discográfico de Pablo Milanés lo conforman decenas de álbumes y constituye uno de los tesoros musicales más ricos de Latinoamérica.
4 - A raíz de sus colaboraciones musicales para el cine, en el año 1969 se integra en el Grupo de Experimentación Sonora (GES) del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).
5 - Trabaja bajo la tutela de maestros como Federico Smith o Leo Brouwer en la recuperación de las músicas tradicionales cubanas y su confrontación con nuevas tendencias contemporáneas extranjeras. Surgen canciones como Yolanda, Quien me tienda la mano al pasar y Los caminos, entre otras. 
6 - En 1973, encomendado por Haydée Santamaría en la Casa de las Américas, grabó Versos Sencillos, disco en el que musicalizó algunos hermosos versos de José Martí.

17.1.13

Los Amigos de Pablo


 
A Pablo Milanés no le gusta cantar solo. Por eso siempre encuentra motivos para rodearse de alguien que quiera acompañarlo. Esos con quienes puede compartir a diario, o aquellos a los que nunca conoce ni conocerá jamás, son los preferidos
Leandro EstupiñánLa Habana



A Pablo Milanés no le gusta cantar solo. Por eso siempre encuentra motivos para rodearse de alguien que quiera acompañarlo. Por eso y más. Además de la sensación de soledad que pueda experimentar en medio de un escenario, a él le gusta sentirse rodeado de amigos.
Esos con quienes puede compartir a diario, o aquellos a los que nunca conoce ni conocerá jamás, son los preferidos.
Desde sus inicios buscaba la compañía de otros para cantar. Primero el Cuarteto del Rey y luego los memorables dúos con figuras como Miguelito Cuní, Compay Segundo o Elena Burke. Las intensas giras con Silvio Rodríguez, las horas en estudios de grabaciones con españoles, brasileños o argentinos.
Tantos ha logrado a lo largo de estos años que no le bastó un disco para compartir con ellos y hace poco fuimos testigos de la última descarga en la “casa de Pablito”, al decir de su otro amigo, el Gabo. Nadie pudo negarse a la invitación y el trovador volvió a encontrarse acompañado.
También ha perdido relaciones. Unas veces porque  marchan; otras, porque  mueren.
Cuenta el cantor español Joaquín Sabina, que por Pablo aprendió a comer y que unas cuantas enfermedades de la cabeza tuvieron cura gracias a esa amistad. Se profesan una gran lealtad. “Cada vez que me invita a algún concierto allí estoy yo.”
No solo gusta de compartir canciones, al bayamés le place cocinar para sus íntimos. En su casa, mientras disfruta las horas de intimidad, prepara platos variados solo para agradar a sus invitados. Por esta sensibilidad culinaria  ha fomentado otras grandes relaciones, como la que mantiene con el escritor Manuel Vázquez Montalbán.
Para sus amigos también canta y prepara giras y conciertos en los que no faltan los pintores, poetas, compositores, nuevos talentos y los más queridos, el público.
Hace poco más de un año los jardines de la UNEAC se abrieron de manera gratuita. Así lo dispuso Milanés, quien quería que asistieran solo sus amigos y estos no le fallaron. Desde media tarde muchas personas esperaban ansiosas la hora señalada y cuando finalmente se dio la orden de abrir no cupo ni un alma.
De diversas generaciones se reunieron amantes de su música para escuchar las mismas canciones que no cansan. Había adolescentes junto a sus abuelos, recién casados, matrimonios engendrados con las melodías que luego volverían a escuchar, turistas curiosos, músicos...
Fue como un sueño la hora y media que duró el encuentro. Un recorrido por los años que seguían pasando sin temor a ponerse viejos. Nosotros aplaudíamos y Pablo cantaba, lo hacía para sus amigos, presentes y ausentes.
Al final nos pusimos de pie y él terminó emocionado como nunca le había visto y dijo que se había sentido como en su propia casa.
Claro que entonces no podía darse cuenta. Se encontraba en su propia casa, saludable y feliz. A su alrededor, sus mejores amigos.

fuente : http://www.lajiribilla.cu/2003/n095_03/095_09.html


10.1.13

Simplemente, Pablo

SIMPLEMENTE, PABLO
 
Hablar de Pablo Milanés, es mencionar a uno de los más importantes creadores de toda la historia musical cubana, un cantautor que se dimensiona más allá de su propio quehacer en Cuba, para extenderse al mundo como un artista imprescindible del movimiento de la Nueva Canción Hispanoamericana, hombre capaz de señalar caminos y defenderlos a través de toda su obra humana y musical.

Elsida González 
La Habana



Hablar de Pablo Milanés, es mencionar a uno de los más importantes creadores de toda la historia musical cubana, un cantautor que se dimensiona más allá de su propio quehacer en Cuba, para extenderse al mundo como un artista imprescindible del movimiento de la Nueva Canción Hispanoamericana, hombre capaz de señalar caminos y defenderlos a través de toda su obra humana y musical. Sin lugar a dudas es junto a Silvio Rodríguez la representación más alta de la Nueva Trova Cubana.

La historia de Pablo Milanés, como la de muchos artistas se puede contar desde su más temprana edad, es por ello que intentaré resumir y mostrar los aspectos más significativos de su prolífera vida y obra.

Nació en la ciudad de Bayamo, en la zona oriental de la República de Cuba el 24 de febrero de 1943. Ciudad cargada de historias vinculadas con la vida social de nuestro país, allí se cantó por vez primera nuestro Himno Nacional y posee también una gran riqueza musical, cuna del son, la trova y de otras muchas manifestaciones artísticas de valía.
Cuentan sus hermanos que el talento de Pablo se desarrolló desde pequeño y de esta manera era centro de su familia. Su madre, quizás la más previsora dentro de esta, siempre supo que su hijo iba a ser algo grande y nunca se cansó de llevarlo a cuanto programa de radio y televisión o presentación en vivo sirviera para impulsar a su hijo, ya fuera en Bayamo o en la Habana, cuando pasaron a vivir a la capital a finales de la década del 40.
Para conocer un poco de los primeros años de su vida auxiliándome de su familia, he sabido que Pablo siempre fue muy alegre. Cuenta su hermano Rafa “Nosotros íbamos a las fiestas de exhibición de animales, le llamaban fiesta de granja y Pablo no podía oír la música sin que empezara a bailar. La gente hacía coro para verlo, él tendría de 3 a 5 años. Desde pequeño siempre le gustó la música.
Ya es conocida por algunos la anécdota de una presentación de Pablo cuando niño, solo tenía 7 años en uno de los concursos que se realizaban en las emisoras de radio, en la CMKX de Bayamo, donde cantó el conocido Juan Charrasqueado, vestido como un puro charro mexicano y ahí gana su primer premio. Esa canción estaba de moda y él la cantaba muy bien.
Tratando de dirigir los pasos de Pablo hacía estudios académicos de música, a los 12 años lo matriculan en el conservatorio y comenzó a recibir clases de guitarra. Estas clases no duraron mucho tiempo, ya que sus intereses estaban más cercanos a la música popular cubana, a la trova, al son, que a los clásicos, y no funcionó.
Pero Pablo desde muy jovencito contó con una muy potente voz, que a muchos les recordaba al ya famoso cantante Lucho Gatica (más bien porque lo imitaba) y de cierta forma esto influyó en que tuviera predilección por este tipo de canto, muy de moda en Cuba en la década del ’50. Se conocía su repertorio y cantaba con mucha facilidad obras que solo tenores de voz educada podrían cantar con facilidad y con resultados satisfactorios.
En 1957, con 14 años, por su participación en el programa–concurso de José Antonio Alonso (La corte suprema del arte) como cantante, obtiene el trofeo por la calidad de su interpretación. Esto poco a poco, le permitió adentrarse en el mundo del aprendizaje coral, con la profesora Isolina Carrillo y también como solista, a partir de las posibilidades que brindaba este programa a sus ganadores.
En resumen, estudios musicales académicos fueron muy pocos, sin embargo, esta era la época en que en cualquier bar, todavía se reunían trovadores que se conocían todas las canciones de los grandes de la Trova y de otros importantes, y la savia que recogió de la cultura popular, de estos viejos trovadores que conocían las más bellas canciones de siempre, fue indispensable para la formación cultural de Pablo.
Fue significativo también su paulatino contacto con músicos que cultivaban otros géneros, y lo que escuchaba en la radio, fundamentalmente temas tradicionales cubanos en las voces de los grandes María Teresa Vera, Trío Matamoros, Benny Moré, Miguelito Cuní, entre otros.
Su juventud se caracteriza por una gran avidez de conocimientos y cargada de incalculables problemas económicos; no obstante, la suerte siempre le acompañó y lo colocó al lado de artistas que reconocían en él su talento y capacidad creativa para llevar a cabo proyectos importantes.
Así tiene pasos fugaces en el 1959 por la orquesta Sensación, una orquesta de tipo charanga, que incluía en su repertorio conocidas obras de moda, en géneros bailables como cha cha cha, sones, y también boleros. Aunque para Pablo no hubiera sido difícil asumir estos géneros, sus intereses no se correspondían con esta posibilidad de “trabajo” y muy poco tiempo se mantuvo aquí.
También formó parte del Trío Ensueño en el que se cantaban los grandes éxitos del bolero cubano y mexicano del momento y que hoy conocemos como antológicos, pero tampoco esto llenaba las expectativas de Pablo.
Su interés por la música iba in crescendo al igual que sus capacidades, al punto que se atreve a hacer sus primeras composiciones en los inicios de la década del 60, apoyado por el maestro Luis Carbonell, que por ese entonces realizaba el montaje vocal del Cuarteto del Rey, agrupación que integró Pablo por algún tiempo y que se reconocían por ser intérpretes fundamentalmente de negro espiritual.
Luis Carbonell es una de las personalidades más importantes del mundo de la cultura en nuestro país. Conocido como el Acuarelista de la poesía antillana cuenta con un estilo sui géneris de declamar, conocido tanto en Cuba como en Hispanoamérica por su genialidad en esta profesión; sin embargo, es también muy reconocido por su trabajo como repertorista y maestro de música en general. Sus criterios sobre la música son respetados por todos los artistas y en especial por jóvenes que comienzan en el mundo del arte y se acercan a él buscando orientación, incluso aún hoy.
Pablo fue uno de esos jóvenes, que según cuenta Luis Carbonell, se interesó mucho en la música que él tocaba en la espera de los integrantes del Cuarteto del rey para los ensayos; esta música que interpretaba al piano Luis no era otra que Suites barrocas. (Más tarde se observaría cómo marcó este momento la obra de Pablo.)
La confianza que depositó Luis en Pablo permitió que le enseñara a este sus primeras canciones y recibiera de él la orientación que necesitaba. Para Pablo fue muy importante el haber conocido de joven a Luis, por lo que hoy mantienen una bella amistad basada en la admiración, cariño y respeto mutuos.
Podemos hablar entonces a partir de 1963 de Pablo como compositor e intérprete.
En estos años aparecen obras importantes, primeras, con un aliento cargado de filin, movimiento al que guarda especial respeto: “Tú mi desengaño”, “Hoy vuelvo a ti”, “El sol ríe por mí”, “Al borde del final”, “Estás lejos”, “Llévame contigo muerte”.
El filin, para aquellos que no sabrían definirlo, es un estilo musical que se inició en Cuba en la década del 40 e implicaba una nueva manera de afrontar la canción donde el sentimiento definía la interpretación e influenciado por las corrientes norteamericanas de la canción romántica y el jazz. Desde el acompañamiento de una guitarra como los viejos trovadores, establecían la mejor de las comunicaciones con el público.
Pablo desde sus inicios muy vinculado a los protagonistas de este movimiento se ve marcadamente influenciado por los caracteres de este tipo de música.
Ejemplo de esto lo podríamos ver en sus primeras obras: “Tú mi desengaño”, reconocida como su primera obra. Aquí adopta en la melodía y en las armonías elementos propios del filin; una melodía rebuscada, moldeada por las modulaciones armónicas, utilizando acordes de 9na, 11na, con un cromatismo fuerte, de difícil melodía y tratando un tema amoroso, desde la óptica de historias desgarradas.
Sin embargo, algo distingue estas obras de las del “puro filin” y es cierto barroquismo que le imprime, ya sea a las secuencias armónicas y en la configuración melódica, que salen de su predilección por este estilo musical, que lo deslumbró a partir de sus encuentros con el maestro Luis Carbonell, quien le enseñó de la existencia de este.
Y de esos momentos en que Pablo se acercó al barroco se recogen las huellas que marcarían su obra posteriorEl propio Pablo ha comentado su especial predilección por este estilo musical, y cómo disfrutó y disfruta sus audiciones de obras antológicas de Juan Sebastián Bach.
Estas marcaron en gran medida su creación, al punto que se advierte de forma clara en algunas obras caracteres que provienen de este estilo. El uso de sonidos agregados o como adornos, de forma melismática. El caso quizás más claro lo es su obra “Ya ves” de 1965. Posteriormente también se puede observar en “Cuanto gané cuanto perdí” (1984), pero en este caso más referido a la manera de desarrollar los motivos, utilizando diversos recursos propios del barroco.
Resulta significativo cómo este barroquismo se imbrica precisamente en lo referente a la conformación melódica, con caracteres que también habían sido adoptados por la trova tradicional cubana y que pueden buscarse también los orígenes allí. (“En el sendero de tu vida triste”, “Ella y yo”, de Oscar Hernández).
También por esa época en Cuba se estrenaban los filmes franceses con música de Michel Legrand, dotados también de un barroquismo en las secuencias armónicas, que marcaron no solo a Pablo, sino a toda una generación de músicos cubanos.
Musicalmente hablando sí pienso que existe una referencia clara salida de ciertas secuencias armónicas que ocurren en la manera de desarrollar motivos en el barroco y que .coinciden con la manera de conformar los famosos tumbaos soneros (Secuencias que van descendiendo en intervalos que funcionan como tónicas y dominantes).
En el texto, además de la recurrencia absoluta, en esta etapa trabaja el tema amoroso, otro elemento que distingue estos años y es la marcada cita referida a la muerte, de la que el propio Pablo ha expresado que “es el resultado de sentimientos propios de la juventud, donde cada decepción se compara con el final de cualquier anhelo, pensando que todo está terminado y solo la muerte nos puede salvar”, en obras como “Llévame contigo muerte”, “Los años mozos”, se hace referencia a ella.
Estas son, de forma general, las características de esa obra primera que se extendió por varios años.
Como intérprete más tarde también se incorporó al cuarteto Los Bucaneros, en el que se montaron para ese formato algunas de sus primeras obras. Y es que el trabajo en cuarteto le interesaba y gustaba, pero en la medida que su vida artística se intensificó y diversificó en estos inicios de la década del 60, también probó suerte como solista, y supo años más tarde que al final debía tomar su propio camino y así poder decidir sus propios derroteros.
Su relación con importantes artista de la época continúa y se conoce de sus lazos amistosos y profesionales con Aida Diestro y las integrantes del Cuarteto las D’Aida, Meme Solís, Luis García Oliva, Martín Rojas, Rey Montesinos, entre otros, que el propio Pablo ha denominado que muchos conformaban un grupo de autores que hacían algo como un neo filin.
En sentido general eran personas que querían dar un vuelco a la canción, predominaba entonces el filin y ellos buscaban algo más, que se imbricara con lo que ya comenzaban a escuchar de otras partes del mundo (Beatles, música de Brasil, canción francesa, y por supuesto, la música tradicional cubana.).
No es hasta 1965 que los autores han detenido su mirada para expresar que con la obra “Mis 22 años”, Pablo arriba a una nueva etapa en la que abre las puertas a la incorporación de elementos novedosos en su creación, al punto que se ha dicho por esto que es la obra puente entre el filin y lo que sería nombrado más tarde Nueva Trova Cubana.
Esta quizás es la más clara muestra de ese objetivo, la búsqueda de nuevas fuentes de inspiración tanto musicales como en lo que se dice, en el texto de la canción.
Y no es menos cierto que esta obra con su inicial casi recitativo que irrumpe con un singular ritmo de guajira - son incorporado hacia el final, crea una expectativa nueva dentro de la canción que se hacía en esos momentos en Cuba. Sobre esta obra el propio Pablo ha dicho:
“En “Mis 22 años” hay un hecho concreto de planteamientos y creación seria. Ahora, yo creo que si yo hubiera tenido conciencia, la del 67, del trabajo de la creación, la hubiera hecho de otra manera. Me detuve en aspectos puramente humanos porque no tenía la conciencia de lo que debía ser un artista pleno en aquel momento, como la tuve posteriormente. Creo que me detuve ahí naturalmente, lo que yo hice, de hacer ese recorrido por los distintos géneros que yo había absorbido durante años, lo que hice al final irrumpir con una guajira sin proponérmelo, el texto que le pongo a la canción son rompimientos. Ahora yo estoy seguro, que si hubiera tenido la conciencia que tuve en el 67 hubiera profundizado y ese rompimiento hubiera sido más absoluto…el compromiso con la gente”.
Lo cierto es que “Mis 22 años”, sobresale dentro de su catálogo como una joya a estudiar y tomar en cuenta, ya no solo por la connotación que tiene para él como artista, sino para la música cubana en general.
En lo que concierne a su trabajo como intérprete, su participación en cuartetos no termina y hasta 1966 se mantiene en Los Bucaneros cuando entra en el Servicio Militar.
En 1967 en el Servicio Militar Obligatorio ocurre la más significativa de las transformaciones en Pablo. Aparece una obra, de pasajes modales y con un tema que nunca antes había sido abordado en su obra donde se cuestiona la guerra en Viet Nam desde la óptica humanista de por qué tienen que ocurrir hechos tan injustos y absurdos. Esta mirada a un asunto de interés colectivo, esa toma de partido hacia las causas nobles, resulta un punto importante en su obra y sobre todo, en el nacimiento de la preocupación por quien lo escucha.
Esta obra “Yo vi la sangre de un niño brotar” aparece paralela al movimiento que en todo el mundo se detenía a cuestionar esa guerra asesina. Sobre esta, Pablo ha dicho: “me permitió el vínculo con lo que luego sería la Nueva Trova. Tuvieron noticias de esta canción que surgió a partir de una información que tuve sobre el Festival de la Canción Protesta y me llamaron a integrar un grupo de compañeros que trabajaban esa temática política.
Y es que sin lugar a dudas se produce una toma de conciencia, a partir del conocimiento que tiene más cerca de la realidad que le circunda. Esto provocó que a partir de entonces comenzaran a aparecer obras que siguen esta línea. Su más clara declaración de principios aparece más tarde en “Pobre del cantor”, de 1968.
Pobre del cantor de nuestros días
Que no arriesgue su cuerda
Por no arriesgar su vida.
********
Pobre del cantor que un día la historia
Lo borre sin la gloria
De haber tocado espinas
Pero este rompimiento no se queda en la intimidad de su creación, sino que estuvo ligado a hechos significativos que ocurrieron en su vida. En 1967 conoce a Silvio Rodríguez, presentados por la gran Omara Portuondo que supo que esa unión era indispensable para ambos. Así comienza una bella relación profesional donde cada minuto de encuentro era una descarga de ideas tanto filosóficas como musicales.
Conoce a Haydée Santamaría y a Alfredo Guevara, figuras imprescindibles dentro de la cultura cubana y sobre todo de esos años finales de los 60 e inicios de los 70.
Conoce entonces que sus ideas no son aisladas, que hay otros creadores con los mismos intereses y esto hace posible que se consolide su obra y la coherente dirección que toma la misma.
En marzo de 1968 dan el primer concierto en Casa de las Américas Silvio, Pablo y Noel. Este sería la más clara muestra de lo que fue más tarde, en 1972, el Movimiento de la Nueva Trova Cubana.
Conocer a Haydée Santamaría en Casa de las Américas, figura política, intelectual y de brillantes ideas y perspectivas de la vida –contradictoriamente–, le dio la posibilidad de beber de la historia misma y conocer lo máximo de la ética de un revolucionario en el sentido más amplio de la palabra. Ella asume lo que es el principio de la gestación de la Nueva Trova, así ha comentado Pablo. “el movimiento hubiera sido de todas formas, pero Haydée lo precipitó, lo violentó.
La Casa de las Américas hizo posible el vínculo de estos jóvenes cubanos con los que en otras partes del mundo iban por su mismo camino; así fueron conociendo de los cantautores de Uruguay, de Brasil, de EE.UU., Chile como Violeta Parra, Daniel Viglietti, Chico Buarque, Vinicius de Moraes, Milton de Nascimento, Víctor Jara, Peter Seeger, y los españoles Pi de la Serra, Luis Pastor, Juan Carlos Senantes, entre muchos otros. A través de esta relación pudieron conocer otras realidades y establecer analogías con su propio trabajo.
Con Alfredo Guevara, al frente del ICAIC, participaron de su interés de llevar una nueva creación musical al nuevo cine cubano. De ahí surge el GESICAIC, del que Pablo, junto a Silvio, Noel Nicola, Eduardo Ramos y muchos otros creadores, bajo la batuta de Leo Brower, fueron fundadores. Magnífico taller donde todos aprendieron de manos de los mejores profesores de música sobre la historia de la música, la armonía, la orquestación, el contrapunto, la composición y muchísimo más.
La filmografía cubana se vestía de lujo para recibir a estos inquietos jóvenes que desarrollaron su obra vinculados al cine y sacaron de cada acción la más grande experiencia para su propia obra.
El GESICAIC tuvo una significación importante dentro del ámbito cubano de los 70, ya que resulta sumamente interesante como en tan temprana época, y atendiendo a lo que en Cuba se reconocía en aquel entonces como lo actual, –lo que más se escuchaba no se correspondía con las aspiraciones del GESICAIC–, podría sobrevivir un grupo que se propusiera la experimentación, sin prejuicios estéticos ni musicales, con una ferviente necesidad de conocer y de ser consecuentes con su época. Resultaba atrevido, increíblemente, asumir sonoridades del rock, del beat, del country music.
De estos años en el GESICAIC que se extendieron desde 1969 hasta mediados de los 70, en el catálogo de Pablo aparecen obras determinantes: “Yo no te pido”, “Los años mozos”, “Cuba va” (escrita junto a Silvio y Noel), “Hoy la vi”, “Yolanda”, “No me pidas”, la musicalizaron del poema de César Vallejo: “Masa”, “Los caminos”, “Hombre que vas creciendo”, “Yo pisaré las calles nuevamente”, “A Salvador Allende en su combate por la vida”, “La vida no vale nada” y un trabajo significativo con la poesía y la prosa de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, del que sale su primer disco Versos de Martí cantados por Pablo Milanés musicalización que hizo a instancias de Casa de las Américas, hecho solo a guitarra y voz.
Y un aparte especial merece “Yolanda”, que es quizás la canción cubana de los últimos 30 años que más ha recorrido el mundo, y la más popular dentro de la obra de Pablo. Fue hecha en 1970 y la propia Yolanda, ex compañera del autor es la que se expresa ahora:
No te puedes imaginar los lugares del mundo en que yo he estado y que me he encontrado con esa canción... Yolanda es una magia, Pablo la hizo cuando mi hija Lym tenía 10 días de nacida...Ese día Pablo me canta “No me pidas”, “Quiero poner la tierra a mis pies” y “Yolanda”... la niña estaba majadera, yo dándole el pecho y casi no lo oí. Por la noche cuando todos se habían acostado le pedí que las cantara... imagínate lo que significó para mí, una mujer acabada de parir, y que se aparezca ese hombre, que era lo más importante para mí con una canción como esa que a mí me dejó paralizada... Los primeros años no tuvo la repercusión que tiene ahora. Él me ha dicho que ha tratado de quitarla del repertorio porque tiene cosas nuevas y la gente no lo ha dejado…él trasmitió a través de una canción tan sencilla todas las cosas que nosotros teníamos en ese momento… toda la canción son códigos que nos atañen a nosotros…lo del credo, la ventana.
Más allá de lo que puede significar esta canción para su inspiradora, es una canción de una bella poesía, –pero sin rebuscamientos de imágenes–, sincera, donde explora elementos de son dentro de la canción, y es sin lugar a dudas la obra que representa a Pablo en muchos escenarios del mundo.
Esta etapa constituye un momento muy prolífero de Pablo, de obras muy significativas, donde cada una fue anunciando lo que sería la conformación de su estilo:
–su declaración de principios (“Pobre del cantor” y en alguna medida “Los años mozos”, hasta “La vida no vale nada”),
–el amor desde una óptica nueva: “Yolanda”, “Llegaste a mi cuerpo abierto”, “Amor”, etc;
–una preocupación por lo social, desde “Yo vi la sangre de un niño brotar”, “Yo pisare las calles nuevamente” hasta “Vuelve a sacudirse el continente”;
–utilización de elementos de la música tradicional cubana y en especial del son y la trova tradicional: desde “Si el poeta eres tú”, hasta “Los caminos”un guaguancó.
Hacia 1979, ya disuelto el GESICAIC, Pablo decide continuar su trabajo y se hace acompañar entonces también por un grupo, siguiendo la apertura que se había iniciado con ese taller, de oír a los trovadores no solo con su guitarra, sino buscando nuevas sonoridades que enriquecieran sus obras.
Se une a compañeros de la vieja guardia del GESICAIC, con una afinidad especial y crea su propio grupo. Comienza con Eduardo Ramos (bajo), Emiliano Salvador (piano), Frank Bejerano (drums), y hacia finales de los 80 es ampliado y renovado con teclados y saxo, con Orlando Sánchez (sustituido más tarde por Dagoberto González en el violín y teclados), Eugenio Arango en la percusión cubana, Miguel Núñez en el piano, Osmany Sánchez en el drums, Germán Velazco en saxo y en el bajo Luis Ángel Sánchez.
Con este puede llevar a cabo sus ideas creativas hasta sus últimas consecuencias y todo lo que se aventuró en el GESICAIC, ahora estaría en función de su obra.
De la primera etapa del grupo resulta significativo destacar la labor del pianista Emiliano Salvador, eminente jazzista y músico muy completo, que dio de alguna manera empaque a lo que en estos inicios querían hacer estos artistas. No se concebía al grupo como un simple acompañante, sino que cada uno podía desarrollar sus propias aspiraciones como solista. (Es significativo que de esta época datan las primeras improvisaciones soneras que hace Pablo en su participación en el disco de Emiliano “A puerto Padre”.)
Todas las propuestas que se hicieron estos cantautores estaban en el tapete, más de 10 años separan a Pablo de aquellos inicios en que quisieron rescatar la tradición musical y transformar la imagen de la canción cubana. Todos aportaron sus canciones y se habló entonces de lo cotidiano, del amor en los nuevos tiempos, de la guerra, de la paz, de la solidaridad, del hombre nuevo y seguían siendo punto de mira para Pablo todos estos temas.
En el plano del texto de las obras de Pablo podríamos resumir que los temas fundamentales que sigue abordando a lo largo de su carrera son: el amor y la patria como ha trascendido desde los primeros trovadores cubanos, siempre vista a través de sus concepciones ético–morales, de su posición partidista, de su humanismo, de sus criterios de ruptura con lo ya establecido.
Muchas serían las obras por nombrar que significan dentro de su obra caminos para seguir y muestras de elevada búsqueda.
La etapa que se inicia en los ’80 se caracteriza entonces por:
–una riqueza y amplitud en la asimilación de elementos de los más diversos géneros que se aprecian ya sea en su obra, como los que son incorporados en el trabajo de arreglos.
–también distingue su obra la, reflexión sobre el paso del tiempo y las lógicas transformaciones que esto trae consigo, que siempre fue una preocupación de Pablo, reflejada en su obra, temas como “El tiempo el implacable el que paso”, de 1974, “Años”, de 1975, y ahora vemos una curva que retoma el tema con “Mírame bien”, de 1982, “Cuanto gané, cuanto perdí”, del 83, “Ya se va aquella edad”, del 84.
–en el plano musical existe un refuerzo del tratamiento del son, (desde “Ho Chi Minh” o “Su nombre puede ponerse en verso”, del 69, se vislumbraba su interés por este género).
Y es que el son es una de las principales influencias que se aprecian en la obra de Pablo y aunque muchos afirman que Pablo es un buen sonero, no ha dedicado su tiempo a definirse solo por este género; sin embargo, lo que sí está bien cierto es que caracteres del son aparecen en su obra siempre de las mas diversas maneras.
–desde el punto de vista formal, se observa en la aparición de un estribillo que alterna siempre con coplas, típico del son oriental está presente en obras como: “No vivo en una sociedad perfecta”, “Te quiero porque te quiero” y “Amo esta isla”.
–también desde el punto de vista formal se aprecia la utilización de una –a veces– larga exposición (momento en que se mezcla con caracteres de la canción) y da paso mas tarde a un estribillo que alternara con las coplas correspondientes. Esto nos acerca más a las posteriores evoluciones del son. Obras como “Nicaragua” (1984), “Buenos días América” (1985), “Son para despertar a una negrita” (1988).
Existen otras maneras, quizás más sutiles en que el son aparece en la obra de Pablo.
–la utilización del clásico bajo anticipado en el acompañamiento armónico, así como la utilización del contratiempo en la melodía en obras que formalmente no nos remiten al son. Tal es el caso de “El recital va terminando” (1982), “A veces cuando el sol” (1984), “Ya se va aquella edad” (1985), “No ha sido fácil” (1984), “Nicaragua” (1984), “El guerrero”, “Cuanto gané cuanto perdí”.
–la insistencia en interpretar la melodía a contratiempo como es usual en el fraseo sonero se observa hasta en las canciones más líricas. Por ejemplo “El breve espacio en que no está”, “Cuanto gané, cuanto perdí”, etc.
Todo esto es lo referido al son.
Ahora me gustaría comentarle cierta curiosidad que se presenta en la obra de Pablo y específicamente en 1984 con su obra “Blas”, hecha por encargo para la película del mismo nombre (que finalmente no se hizo) y es la presencia del danzón. Aquí, por supuesto, la utilización de este género, baile nacional de Cuba simbolizaba en el momento de escrita la manera de reflejar la vida de un hombre de gran significación para la vida política del país, como lo fue Blas Roca Calderío.
En este danzón Pablo traslada a su melodía pasajes que recuerdan los hechos por la flauta para este género, donde abundan los adornos, intervalos difíciles, algunos con carácter improvisatorio. Teniendo en cuenta que en este caso se cantarían estos pasajes resulta bastante complicada la interpretación por el virtuosismo vocal que se requiere. También escucharan un aliento a tango.
En esta etapa se observa un acercamiento mayor al tema juvenil, a las preocupaciones de los jóvenes (no se puede olvidar que en estos momentos Pablo cuenta con hijas que arriban a esta etapa de la vida y que el público que le escucha es mayoritariamente joven). “Sábado corto” es la más clara muestra.
A casi 20 años de creación artística Pablo reafirma sus propias concepciones ético–morales, ya sean en el plano social –“Yo me quedo”, “No vivo en una sociedad perfecta”, “Amo esta isla”, “Creo en ti”– impulsado por acontecimientos sociales que se desataron en Cuba en el año 80 (sucesos de la embajada del Perú).
En el tema amoroso donde se asumen nuevos criterios y maneras de verlo, novedosas dentro de la canción cubana, con temas controvertidos aún dentro de la sociedad cubana: “El breve espacio en que no está”. También podría mencionar en este caso la canción “Mírame bien”, donde se reflexiona sobre las diferencias de edad entre los integrantes de una pareja.
Pero en estos años el trabajo de Pablo no se limita solo a grabar su obra, sino que además lleva a acetato la musicalización que realiza de la obra de Nicolás Guillén, el Poeta Nacional de Cuba; y también interpreta las canciones de Marta Valdés (estilo filin) en un lindo homenaje que se le hiciera a esa compositora cubana.
Como intérprete realiza otros importantes discos donde, en deuda con sus orígenes, realza la obra de los clásicos trovadores cubanos en una serie de discos: Años I, II y III. Verdaderas obras de arte cada uno de ellos, donde para interpretar la trova recurre a los protagonistas que estaban un poco olvidados como Luis Peña “El Albino”, Cotán y Francisco Repilado “Compay Segundo”.
Con el filin también salda su deuda con una muestra de lo adentrado que se mantiene en este estilo. La excelencia del trabajo realizado, demostrado en la propia selección de los temas –ya sean los cubanos, como los boleros mexicanos incluido en los volúmenes IV y V– así como en la auténtica interpretación, donde procuró ceñirse a los recursos más originales desde la manera de interpretar la guitarra para lo que buscó a dos maestros Eduardo Ramos y Martín Rojas.
Un disco significativo, muy relacionado con Hispanoamérica lo fue el álbum Querido Pablo, grabado por Pablo con múltiples invitados, colegas todos del mundo de la Nueva Canción, brillante idea y merecido homenaje. Significativas en aquel disco las intervenciones para hacer dúo con Pablo de importantes cantautores como: Víctor Manuel y Ana Belén, Luis Eduardo Aute, Mercedes Sosa, entre muchos otros.
Otros discos posteriores han reflejado su obra, pero también los cambios que en algún momento se propuso en la concepción de acompañamiento y arreglos. El más significativo resulta el discoProposiciones, de 1988, cuando se incorporan jóvenes músicos que algunos aún se mantienen y, poco a poco, se han ido adentrando en nuevas sonoridades, se han realizado nuevos arreglos a temas viejos en aras de estar acordes a los nuevos tiempos.
Le suceden discos como Identidad, Canto de la abuela, Con ciertos amigos, Orígenes, Plegarias, Días de gloria, hasta llegar a su nueva producción del 2001 Pablo querido, título de la que sería la segunda parte del Querido Pablo, casi 20 años después, que ahora se repite con la presencia de otros artistas. Muestra del calor con que se recibe a nuestro cantautor en todas partes del mundo siempre.
Aquí participan otros intérpretes, todos de Hispanoamérica, pero con la singularidad de que ahora es mayor la amplitud de selección, se incorporan cantautores; pero también algún que otro cantante de pop no afiliado a lo que conocemos como Nueva Canción (como pasó casi en su mayoría en el Querido Pablo) como es el caso de Fher, cantante del grupo Maná de México y otros artistas reconocidos en otras esferas como Marco Antonio Muñiz, Armando Manzanero, etc.
A la vuelta de más de 40 años de creación artística podríamos resumir que Pablo ha sido consecuente con sus principios sobre la creación, bien definido desde temprana fecha y se ha mantenido bebiendo de fuentes muy auténticas de la música cubana e internacional, sin olvidar jamás la modernidad. Y como comencé
Hablar de Pablo Milanés, es mencionar a uno de los más importantes creadores de toda la historia musical cubana, un cantautor que se dimensiona más allá de su propio quehacer en Cuba, para extenderse al mundo como un artista imprescindible del movimiento de la Nueva Canción Hispanoamericana, hombre capaz de señalar caminos y defenderlos a través de toda su obra humana y musical. Sin lugar a dudas es junto a Silvio Rodríguez la representación más alta de la Nueva Trova Cubana.